martes, 7 de agosto de 2012


‘Carromato de felicidad’

Todo empezó cuando solo teníamos 10 años, cómo olvidar aquel carromato, vivíamos en una eterna felicidad. Siempre sentí que el circo era mi felicidad, cada noche salíamos a brillar. Él era perfecto en lo que hacía, siendo tan chico hacía cosas increíbles, yo hacía lo que podía el circo era mi vida. Todos los días después de cada función nos escapábamos para ir al carromato de mi abuela ya fallecida, todas las noches me prometía lo mismo ‘amor eterno’. Algo que para nuestra edad parecía solo un juego.
Cuando cumplimos 11, nuestra vida cambió, su padre falleció de una enfermedad, al poco tiempo su madre falleció de tristeza. Gastón había quedado solo, el Estado no tardó en enviarlo a un orfanato. Pero yo recordaba sus palabras antes de irse ‘nuestro amor es eterno Rocío, volveré’. Después de su ida, el circo no era lo mismo. Él le daba color, la familia Dalmau estaba llena de magia, sin ellos el circo no era lo mismo. Pronto se decayó, tuvimos que irnos de la ciudad. Nunca más supe algo de él. Luego de mudarnos de cuidad, el circo no pareció funcionar, tuvimos que cerrarlo. Cada uno siguió su camino, yo con mis 16 años tuve que seguir mi vida sola, ya que mis padres no estaban. Emprendí un largo viaje con mi carromato, seguís con mis estudios. Al terminar el secundario me inscribí en la facultad de bellas artes, era una carrera muy costosa, lo cual que me llevó a vender mi carromato tan preciado. Era lo más importante que tenía en la vida, lo único que me quedaba, pero tenía que continuar con mi vida.
La señora que me lo compró, era una señora adinerada, me contó que ella de chica le encantaba estar en el circo. Me decía que era como su lugar en el mundo & que ese carromato tenía una hermosa energía. Ella vivía con su marido & su hijo en un barrio privado de la cuidad, me ofrecí a llevárselo, unos días después se lo llevé. Lo coloqué en el patio como ella quería. Mientras que Antonia, la mucama, llegó su hijo. Un chico culto, muy respetuoso parecía. Yo no lo había visto ya que estaba porque estaba de espalda.
Al darme vuelta era él, sin duda, no podía olvidar sus hoyuelos. Gastón era el hijo de esa señora.
¡Gastón!- Salté de alegría & corrí a abrazarlo.
¡No puede ser Rochi!- Abrazándome dijo Gastón.
Llegó Mercedes, la madre adoptiva de Gastón. ¿Se conocen?- preguntó.
Gastón: Mamá ella es la chica de la cual te hablé todo este tiempo, Rocío.
Yo: ¿Le hablaste de mí? ¡Qué loco!.
Gastón: ¡Obvio! Decime ¿Qué haces acá? ¿Cómo llegaste? ¿Seguís en el circo?
Yo: El circo ya no está, de hecho estoy acá porque tu mamá me compró el carromato ¿te acordás de el?
Gastón: Mamá no me digas que compraste el carromato de su abuela. ¿Dónde está? ¡Quiero verlo!
Mercedes: Está en el patio, Rocío recién lo trajo.
Gastón: ¡Ven Ro! Vamos a verlo. –Me tomó de las manos & nos fuimos al patio-
Mercedes: Antonia preparales algo de tomar.
En el carromato:
Gastón: Está igual, que locura. ¿Te acordás de lo que decíamos? Nuestras promesas de niños.
Yo: ¡Sí! Como olvidarlas, todavía me acuerdo de tus últimas palabras. ‘Nuestro amor…’
Gastón –interrumpe- ‘nuestro amor es eterno Rocío, volveré’
Yo: Sí, al parecer, volviste ¿no?
Gastón: -muy cerca de mí- Sí, volví. ¿Qué pasó con el circo? ¿Qué es de tu vida?
Yo: El circo ya no existe hace tiempo. Yo entré en la universidad de bellas artes, estoy en el primer año. ¿Vos?
Gastón: Yo trabajo en las empresas de mis papás. Es increíble como cambió todo. El carromato, nos unió de nuevo, ¿será una señal? ¿tenés novio?
Yo: ¿Vos decís? No para nada. Sigo esperando a ese nene que me prometió volver, ¿vos? ¡Seguro! –diciendo con una carita triste-
En ese momento entra Antonia & les deja una chocolatadas con vainillas.
Gastón: Yo sigo buscando a la nena de 11 años que prometí encontrar. Qué loco todo esto, ¿puedo decirte algo? Todo este tiempo que pasé lejos jamás me olvidé de tu sonrisa, esas cositas de pequeños nenes que hacíamos juntos no las puedo olvidar. ¡Como tomar chocolate con vainillas!
Yo: Yo tampoco lo pude olvidar, mmm la chocolatada es riquísima. –Al tomar me quedó un tierno bigote de chocolate. Gastón se acercó & me lo limpió-
Gastón: Tu mirada sigue siendo la misma, hermosa.
En ese momento nos besamos, ese beso que soñé de nena. Lo tuve, & sí fue con mi príncipe de cuentos. Con ese nene que prometió volver. Tiempo después, nos pusimos de novios. Y hoy estamos esperando nuestro primer hijo. ¿Nuestro carromato? El sigue ahí, en el patio de donde hoy vivimos, el nos unió.

‘A veces al amor le hace falta una ayudita del destino’. 


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