sábado, 1 de septiembre de 2012



 
 'Todo me recuerda a ti'

Tal vez si mi corazón se detuviera en este momento no dolería tanto. Tal vez deberías haberte quedado aquí. Son tres años ya, ¿sabes, Gastón? Algún día me cansaré de pretender que todo está bien. Decirlo duele tanto como me dolió decirte adiós. 


Camino debajo de la lluvia, por este parque en que tuvimos el primer beso, bajo el primero frio  de ese invierno. Tu usabas esos gorros que tanto adorabas y yo tenía mis manos en guantes negros, lo recuerdo porque, cuando te besé, tu suave gorro rozó mi frente y yo toqué tu rostro con mis manos enguantadas, aun así sentí el cosquilleo que solo tu piel me daba. Son esos momentos que nunca dejaré ir. Nunca.



Yo creo que tú tampoco los hubieras dejado ir, si estuvieras en mi situación. Es horrible pensar que nuestro amor duró tan poco pero es eterno. Todo me recuerda a ti, cada gota de lluvia, el frío, el chocolate y las películas infantiles. Están los días en que me acuesto, en ese sillón bordó que compramos juntos como pareja, justo donde me ubicaría si tu estuvieras, y tus brazos son el calor de las brasas en la chimenea, y la manta que me cubre. Estás en todas partes, yo lo sé, porque te siento cerca, porque nunca te dejé ir, ni lo haré, ni espero que tú lo hagas



Lo único que me cuestioné siempre fue, ¿por qué? ¿Por qué tu vida duro tan poco? ¿Habrás logrado tu objetivo en la vida? No lo sé. Mi felicidad se fue con ese último suspiro que diste, ese ‘Te amo’ susurrado con la lágrima fría. La sequé, la lágrima quiero decir, la sequé, porque si eras tú, no tenías lágrimas. Eras, sos y serás: mi Gastón, mi rubio, bichito de luz, todo lo que era mío. 



Llego al lugar en que me pediste matrimonio, aun sabiendo que yo no creía que un par de anillos diera prueba del amor que sentía por ti. Y yo dije que me dejes pruebas que era real, tú no esperaste respuesta: me besaste. Y yo comencé a creer.
Fue tan rápido… Pensamos en futuro, yo miré vestidos, tú los presupuestos, nuestro amor era clásico, pero tosiste, tosiste fuerte, dolorosamente y tu tos venía con sangre. Ahí todo se derrumbó, una chispita que incendió y quemó nuestra ilusión. Estabas terriblemente enfermo, y yo me pregunté de nuevo ¿por qué? 



Mi lado de la relación fue un infinito por qué, ¿Por qué te enamoraste de mí? ¿Por qué te amé y amo tanto? ¿Por qué me dejaste? Y más que todo ¿Por qué aún no te dejo ir? 
Enfermaste, tus mejillas estaban pálidas, pero aún jugueteabas con mis rizos y besabas mis labios, cada vez era más leve el toque de nuestros labios, cada vez ellos eran más pálidos. Hubo una noche que dormí al lado de tu cama de hospital, gritaste mi nombre, lo gritaste como si fuera tu última palabra, yo desperté alarmada y te pregunté ‘¿Qué pasa?’ me dijiste ‘Tengo miedo de perderte’ No sabía si reír, llorar, o probablemente hacer ambas cosas al mismo tiempo, pero dije ‘Yo estoy aquí para ti, ¿y tu para mí?’ Me sonreíste y volviste a dormir. Una semana después, te fuiste. Y yo pensé que tu temor era en realidad el mío, y ahora que lo pensaba, era horrible, la peor pesadilla. No dormí por cinco días, estuve internada, no me importaba, podía morir en ese hospital, como vos lo hiciste, no tenía ni tengo nada porqué vivir. Realmente quería morir en esa cama blanca y horrible, lo hubiera hecho.



Camino al lago, ahí donde nos acostamos a ver estrellas y le diste mi nombre a una en el sur, porque siempre te gustó el sur, yo le di una tu nombre a una estrella del oeste, porque me gustaba el oeste. Tu estrella hoy brilla, y la mía no… 
Gastón, ahora, escúchame, mi amor eterno, esto es algo de lo que estoy plenamente consciente y he pensado hace meses, no quiero hacerlo, no quiero estar más en un lugar en el que no estás. No tengo nada porque vivir, nadie porque hacerlo. 
Pongo piedras en mis bolsillos… Pesan y estoy segura que son suficientes para hundir. Camino a la parte profunda, y me siento hundir… 



Mis pulmones duelen, y todo se distorsiona, miro arriba, al cielo gris que se dobla a mi vista, estoy cayendo más y más hondo, suelto mi última bocanada de aire. Y veo tus ojos, en ese último latido. Te veo, siento tu mano en la mía, y tu voz susurra a mi oído:
-Me encontraste.

No hay comentarios:

Publicar un comentario